Lanzarote y la sal

Desde la época aborigen, Lanzarote centraba su economía en la agricultura y en la ganadería. Hubo luego también una fase en que la pesca empezó a tener importancia, y con ella la industria del salazón de pescado o conservera.

Ya desde la época de la conquista, se empezó a mirar a la sal como elemento importante para la economía de Lanzarote hasta el punto de considerarlo como el oro blanco de Lanzarote.

Fue ya a finales del siglo XV que se adaptaron las que serían las primeras salinas, no solamente de Lanzarote sino de Canarias. Son las salinas de El Rio, en el extremo norte de Lanzarote, justo en frente a la isla de La Graciosa. Son de salinas naturales, adaptadas posteriormente para poder ser explotadas.

El fondo de estas salinas se situa por debajo del nivel del mar, por lo tanto en los momentos de fuertes oleajes, los cocederos se llenan de agua.

Paradojicamente, la importancia y nivel de explotación de las salinas fue inversamente proporcional al auge de la pesca y de la industria del salazón. Su localización de dificil acceso (solo se llegaba con pequeñas embarcaciones) hizo que se empezara a buscar otros lugares para construir nuevas salinas.

A partir del siglo XIX fue cuando hubo un boom en la construcción de nuevas salinas, hasta que Lanzarote llegó a contar con casi una treintena de salinas en todo su territorio. Hoy en día, la gran mayoría de estas han desaparecido del mapa de la isla o están en estado de semi-abandono.

Fue alrededor de 1860 cuando, tras convertirse en capital, Arrecife vio la necesidad de construir unas salinas para abastecerse de sal que necesitaban los marineros al volver de tantos meses en alta mar pescando. Fue así que se construyeron las salinas de Naos, muy cerca del actual muelle La Marina de la capital, y en frente al Castillo de San José.

Tras pasar meses en alta mar, entre las costas canaria y africana, los marineros de la isla volvían a casa con sus embarcaciones (casi siempre) llena de pescado que necesitaba ser guardado de alguna manera, no existiendo aún algun tipo de maquinaria para la conservación en frío del pescado.

En la primera mitad del siglo XX, las salinas seguían creciendo en importancia. Durante la Segunda Guerra Mundial, cerca de las costas de Canarias, se desarrollaron maniobras y batallas militares y las embarcaciones involucradas en ellas necesitaban víveres. Por su proximidad con la isla, muchas de estas armadas recurrían a la sal producida aquí. Fue en este periodo que las salinas de Naos empezaron a ver aumentar su producción y, al mismo tiempo se empezó a construir otras. Es el caso, por ejemplo, de las Salinas de Los Cocoteros, en la costa noreste de Lanzarote, cerca del pueblo de Guatiza, que seguramente te sonará si has visitado el Jardin de Cactus.

En Playa Blanca, por poner otro ejemplo, también hubo un tiempo en que existieron unas salinas, son las Salinas del Berrugo, de las que hoy solamente quedan los restos de dos de los molinos que empujaban el agua del océano hacia los cocederos.

Cerca de la costa de El Golfo, los ríos de lava dieron origen a lo que hoy se conocen como Salinas de Janubio: donde antes había un puerto natural que permitía comercializar los cereales que ahí se cultivaban, tras las erupciones se formó una laguna que los habitantes empezaron a aprovechar para recoger la sal que quedaba tras la evaporación del agua.

Se crearon pequeñas terrazas y se construyeron molinos de vientos que bombeaban el agua del mar para llenar los cocederos. Aquí, tras la evaporación del agua, quedaba la sal que venía recogida y que se usaba para la conservación del pescado.

Las Salinas de Janubio son las únicas salinas en funcionamiento en la isla, y las más grandes (en extensión) de toda Canarias.

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Por Guia En Lanzarote

Decía Saramago:Lanzarote no es mi tierra, pero es tierra mía. Hago mía esta frase.

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